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Información de Nuestra Ciudad

Historia desde nuestros indios

 

Antes del descubrimiento de Puerto Rico por Cristóbal Colón, el 19 de noviembre del 1493 la isla y específicamente Utuado habían sido poblados por diversas culturas indígenas. Los principales grupos fueron: los arcaicos, igneris, sub-taínos y finalmente para el siglo XII los taínos. Para el momento del descubrimiento, la isla estaba atravesando por otra corriente migratoria, los indios Caribes.

 

Definitivamente, el Parque Ceremonial Indígena de Caguana es uno de los legados taínos de mayor importancia que aún hoy perduran. La antigüedad de este parque se estima en unos 727 años, es decir, se construyó para el año 1270. De acuerdo con muchos arqueólogos, la montaña del Cemí con su peculiar forma y la creencia de los taínos de que sus dioses habitaban en este monte, inspiraron la construcción del parque en este lugar. El complejo ceremonial, consta de varias plazas. La plaza principal mide 160 por 120 pies y cuenta con gran variedad de piedras talladas con distintas imágenes y petroglifos. Entre estos se encuentra la famosa Mujer de Caguana, una representación de la diosa Atabey madre del dios principal Yocahú. Muchas de las piedras miden cerca de 6 pies y pesan alrededor de una tonelada. Estas piedras pudieron ser traídas desde el río Tanamá, el cual pasa justo detrás del parque.

 

Como muestra de la rica herencia taína de Utuado, debemos mencionar el parque ceremonial del Barrio Don Alonso, el cementerio indígena  en la "joya de Santana" del Barrio Viví Arriba, las inscripciones y petroglifos en las piedras del río Jauca del Barrio Paso Palmas y los del Río Grande de Arecibo en el Barrio Salto Arriba. Una vez iniciada la conquista española, las tensiones entre los taínos y los conquistadores aumenta, escalando hasta la sublevación del 1511. En esta sublevación, las fuerzas dirigidas por el cacique Guarionex, destruyeron el poblado de Sotomayor. Luego de esta victoria inicial de los taínos, donde murió el bravo Guarionex, los españoles respondieron atacando el territorio de Agüeybaná II donde fueron masacradas las fuerzas taínas. Diego de Salazar dirige un segundo ataque contra la región de  Yagüecas del cacique Mabodomoca, con resultados similares. Una vez vencida la sublevación y muertos Guarionex y Agüeybaná, Juan Ponce de León extiende el perdón a todos los caciques que hicieran la paz con los españoles y abrazaran el cristianismo. Entre los caciques que aceptaron la oferta, se encontraban Otoao, Caguax y Loiza. Meses más tarde, por mandato de una real cédula del Rey Fernando, se suprimía las costumbres y tradiciones de los habitantes naturales, y les daba el mandato de recibir los valores, la religión y lengua del pueblo conquistador.

 

 

              Fundación del Pueblo y Parroquia San Miguel                   

 

El 3 de junio de 1733, varios moradores de Arecibo, más de 59 en número, otorgaron poder al cabo de Escuadra don Sebastián de Morfi para que solicitara del Gobernador de Puerto Rico permiso para trasladarse y fundar un pueblo el pueblo denominado Partido o Hato de Utuado.  Cinco días después, en presencia del Capitán Correa, el héroe arecibeño, firmaron el poder con el fin expreso de ¨erigir una iglesia con la mayor docencia para el culto y veneración del Santísimo Sacramento que se ha de colocar en ella.¨

 

Cuatro meses más tarde, el 10 de octubre de 1733, el real y Supremo Consejo de Indias, por mandato del Rey, aprobó la fundación de una población entre el pueblo de Arecibo y el de Aguada ¨ Por ser tan útil al servicio de Dios¨ y del Rey.

 

Nos parece obvio que esta Cédula Real propició la fundación del nuevo pueblo, aunque pasó un año antes de que el gobernador concediera a don Sebastián de Morfi la licencia para fundar el pueblo.

 

Pasaron cinco años, durante los cuales los originales pobladores fomentaron la agricultura para asegurarse la supervivencia en el nuevo poblado.  Desprovistos de casas y viviendo en sitios de protección natural y bajo árboles (don Sebastián de Morfi supuestamente vivía con su familia en un árbol de ceiba en el sitio donde hoy se ubica

la Iglesia San Miguel), antes de que don Miguel de Quiñones, Alférez y capitán comandante de la Ribera de Otoao, en documento de 12 de octubre de 1739 que aceptó como el Acta de Fundación, ordenó a los moradores del nuevo pueblo construir sus casas y a empezar la construcción de una iglesia en término de cuatro meses.

 

Dos años más tarde los nuevos pobladores se presentaron al gobernador y al provisor de la diócesis para formalizar la fundación del pueblo con la construcción de una iglesia dedicada a San Miguel Arcángel.  Ambos dignatarios concedieron gustosamente la licencia solicitada, añadiendo el Provisor que la iglesia debía hacerse “de nueva fábrica y segura en paraje y sitio más apropiado.¨ Con tanto fervor y dedicación trabajaron los utuadeños que en solo veinte meses ya estaba terminada la construcción de la iglesia con todos los ornamentos y útiles necesarios al culto.  El 15 de julio de 1743 el párroco de Arecibo Juan Morales del Río, comisionado para inspeccionarla, certificó que estaba bien ¨ bien formada y con 19 varas de largo por 14 de ancho, con tres puertas, dos ventanas, y un altar, toda de madera y cubierta de yagüas¨.

 

En marzo de 1744 Utuado tuvo su primer sacerdote.  Nicolás Quiñones, en calidad de capellán rural.   Ese mismo año se estableció el archivo parroquial, y se bautizaron 14 niños que habían nacido en el nuevo poblado.  Al año, sin embargo, renunció don Nicolás por considerar su suelo insuficiente.

 

En el 1745 estaba a cargo de la iglesia Fray Andrés de Quiñones, en calidad de capellán rural.  El 27 de febrero de ese año firmó una partida bautismal donde usó por primera vez el nombre de Utuado.  Desde esa fecha en adelante no se volvió a usar el de Otoao. Los utuadeños, consternados por no tener sacerdote propio, ofrecieron una congrua de 200 pesos para un director, 25 pesos para un sacristán, y pidieron al gobernador y al provisor que se erigiera parroquia en Utuado.  Determinaron los utuadeños que la congrua habría de prorratearse equitativamente entre todos ellos en un esfuerzo por conseguir sacerdote permanente.

 

Desgraciadamente, ocurrieron cambios en ese año, tanto en la gobernación como en el obispado de Puerto Rico y la erección de la parroquia San Miguel habría de esperar hasta el año siguiente, 1746.

 

Se Establece La Parroquia San Miguel

 

El 31 de agosto de 1746 el gobernador José Colomo aprobó la parroquia y estableció la población, sus límites, su patrón San Miguel y nombró por teniente (alcalde) a Sebastián de Morfi.  Ese mismo año por decreto del 26 de noviembre, el provisor (gobernador de la diócesis en sede vacante) Juan Álvarez, duque de Estrada, estableció la parroquia.

En el decreto el obispo advierte al pueblo que la fiesta del patrón San Miguel la deberá costear el pueblo por medio de los mayordomos que se elijan.  Se le asignó a San Miguel por titulo ¨para que le sirva de guarda y custodia, y sea medianero para experimentar felicidades.¨  Señala además los términos territoriales del pueblo.

 

En el 1930, llegan los Padres Capuchinos norteamericanos.  Con la ayuda de los generosos católicos del norte, comienzan una época de construcción en el pueblo y los campos.  Surge la nueva casa parroquial, se edifican capillas en Mameyes, Ángeles, Caguana, Paso Palmas, Caonillas, Viví, etc., trece en total.  Se funda la escuela superior de San Miguel.  Se establece el cine en la Cancha del Colegio.  Se construyen parques de recreo para los niños.

 

Las capillas no dan a basto.  La jurisdicción de Utuado es tan grande que se necesitarían por lo menos veinte capillas más, y aunque las hubiera, no habría Sacerdotes para atenderlas.  Para solucionar este problema, se consigue una capilla en ruedas, que puede ir a todos los núcleos de fieles.  La Capilla Rodante de San Miguel.  En ella se da misa en treinta lugares más de esa jurisdicción.

Por último, en 1957 se inaugura el Noviciado para Frailes Legos Capuchinos.  Aquí pueden ahora consagrarse al servicio de Dios los jóvenes puertorriqueños que deseen seguir las huellas de San Francisco de Asís.

Aquella iglesia de madera y cubierta de yagüas se ha transformado en el corazón espiritual de un gran pueblo.  A un lado radica el Monasterio San Miguel, casa madre de los Capuchinos de Puerto Rico y el noviciado para Frailes Legos, y al otro lado la escuela parroquial y convento de las Hermanitas de la Divina Providencia.

 

La Iglesia San Miguel, erigida así majestuosamente sobre el pueblo, es faro de luz y de verdad, que guía a los utuadeños por el camino seguro de la santificación y la salvación eterna: el camino trazado por el Divino Maestro.  La Iglesia San Miguel es el símbolo de la fe católica y la cultura puertorriqueña de los utuadeños.

 

 

 

 

Utuado del Siglo XlX al XX

 

        A lo largo de todo el primer siglo de fundación y la primera mitad del siglo XlX, los habitantes del Valle Viví vivieron una economía de subsistencia, cultivando aquellos productos necesarios para una vida casi paradisíaca y fundando las estancias que años más tarde, con la llegada del café, se convertirían en las grandes haciendas cafetaleras de la época.  Este cuadro de transición histórica entre una economía de las estancias y la agricultura de las haciendas ha sido recogido en dos obras fundamentales para entender la historia de Utuado: “Libertad y Servidumbre en el Puerto Rico del Siglo XlX” y “Amargo Café”, ambos del historiador y sacerdote jesuita Fernando Picó. Es hacia la segunda mitad del siglo XlX que comienza el período de inmigraciones peninsulares hacia Utuado.  Mallorquines, catalanes y otros peninsulares van abriendo brechas en los terrenos baldíos, gracias a las concesiones especiales y al matrimonio con las hijas de los estancieros criollos.  Es de esta forma como se inicia un período de fundación de nuevos barrios, de auge comercial y de planificación urbana que hicieron de Utuado una de las ciudades de mejor diseño y planificación en el país.

 

        El gran período del auge del café se da en las últimas tres décadas del siglo XlX  Desde 1870 en adelante se multiplican las haciendas en todos los barrios gracias al trabajo jornalero y al ahínco de los nuevos inmigrantes peninsulares.  Esta nueva clase social, que llegó vía el comercio pueblerino, al hacerse hacendados tienen acceso al poder político y social.  De esta manera el café sirve como instrumento para el poder económico y político.  Algunos inmigrantes que llegaron a ser alcaldes fueron, entre otros, don Pepín Roig (para la década del 1870), don Tomás Jordán Santamaría (1880) y don Felipe Casalduc Álvarez.

 

       Esta es la “época de oro de Utuado”, según la ha descrito el historiador local doctor Pedro Hernández Paraliticci.  El florecimiento cultural de esos años, registrado minuciosamente en “El Porvenir de Utuado”, libro de Ramón Morell Campos no ha tenido paralelos en la historia utuadeña. Esta bonanza duró hasta fines de siglo.  San Ciriaco y el cambio económico y social producido por la llegada de las tropas americanas comenzaron otra etapa en la vida de Utuado.

Después de la ocupación militar norteamericana hubo una breve bonanza ya que el ejército americano “pagaba en oro jornales nunca vistos en Utuado”.  Por eso, asegura el historiador local, doctor Pedro Hernández Paraliticci, “el día que el general Henry levantó sus tropas Utuado, sintió que perdía su mayor fuente de ingresos”.

 

Detrás vendría la crisis.  Los años posteriores a la invasión llevarían el auge a la costa, pero se abandonarían las montañas.  El café pasa a un segundo plano al desaparecer el mercado europeo e iniciarse el monopolio absentista de la caña de azúcar.  En Utuado nacen varias centrales azucareras, las que no duran mucho tiempo debido a la dificultad del terreno montañoso. Tal vez el cuadro más real de la vida utuadeña, en esas primeras décadas del presente siglo se recoja en las novelas “La Gleba” y “Tierra Adentro”, de Ramón Juliá Marín.  En ambas obras se plasma el cuadro del desarraigo del hombre de la tierra como resultado de los cambios políticos y sociales impuestos por el nuevo orden.

 

         La vida pueblerina pierde el esplendor de los años del auge del café y comienza un período de decadencia ilustrado magistralmente  en  el  libro   “Los Gallos Peleados”, de Fernando Picó, análisis histórico social de Utuado en las primeras décadas de este siglo basado en el estudio minucioso de las partes policíacos.

 

 Un fenómeno histórico que se ha dado ha sido la progresiva pérdida de población, acentuada ésta a partir de los años 50.  De acuerdo a los datos de la Junta de Planificación esa pérdida de habitantes ha sido de tal manera que a comienzos de los años 50 Utuado tenía unos 50 mil habitantes.  Hoy su población es de 34 mil. No obstante los vaivenes de la economía y la decadencia de la montaña como entidad de producción agrícola, en torno a la historia de Utuado se ha forjado una historia distinta, rica en su devenir.  El mismo aislamiento como ha señalado Fernando Picó, ha credo particularidades e idiosincrasia que distinguen a la Ciudad del Viví de otros pueblos, del país.

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Ciudad Entre Montañas

Bandera

La bandera oficial de Utuado fue diseñada por el artesano utuadeño Luis E. Lafontaine y adoptada por la Asamblea Municipal de este municipio en el 1987. Está dividida en tres franjas: la franja superior es de color verde; la del medio es marrón y la inferior es de color azul claro. La franja verde simboliza las verdes montañas; la franja marrón simboliza la fértil tierra de Utuado y la franja azul claro es símbolo de los ríos y lagos de las tierras utuadeñas. El sol de Otoao, en el centro, es símbolo de la cultura taína. 


 

(2022, July 31). EnciclopediaPR. https://enciclopediapr.org 

Escudo

El escudo de este municipio fue diseñado por el Dr. J. J. Santa Pinter de Arga y adoptado en el 1981. Su descripción heráldica es la siguiente:

En campo azul, se encuentra la figura del cemí, cargada por una espada de plata con empuñadura de oro. El color marrón del cemí alude al color de la tierra y se refiere a la rica tradición histórica precolombina. La espada significa la conquista y colonización de la cultura taína.

En el lado derecho, se encuentra la figura en oro de la Mujer de Caguana, símbolo de la fertilidad y, en lado izquierdo, un palo y un pico de oro “in saltira”, cargados en medio de una lámpara de plata con la llama roja. El pico y la pala de oro cruzados son símbolos de las minas y la riqueza mineral de la zona, así como de la explotación minera del pasado.

En la base, hay una franja ondulada de plata, que simboliza al río Viví. Por timbre, lleva la corona de cinco brazos de oro, cargada de una cinta tenné y forrada de plata. El volante lleva la inscripción “Ciudad del Viví”.

 

(2022, July 31). EnciclopediaPR. https://enciclopediapr.org 

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Himno

Valle bendito el de mi Otoao, mundo de verde, de azul y sol; tierra del pitirre y del guaraguao; cáliz y altar de mi amor.

Es de mi patria su corazón.

Es fiel guardián de su tradición. Es el perenne y firme bastión

del alma de mi país.

Utuado, amado Utuado,

¿cómo no has de estar en mí?

si creció mi alma en tus campos, y mis sueños acunó el Viví.

Si algún día de ti me alejo, o si calla al fin mi voz,

dejo como eterna ofrenda a ti, hecho canción, mi amor.

HIMNO DE UTUADO

Por: Amilcar Rivera Díaz

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